sábado, diciembre 10, 2011

«La cerilla», de Enrique Fischer

Julia Díaz

Una madera ínfima y reseca
coronada de irascible toca,
incapaz de mantener la calma;
hiere la mano del que la provoca.

Su hálito de furia dura poco;
no más que un relámpago pequeño,
menos que la vida, que no dura nada,
apenas algo más que lo que dura un sueño.

Chispa devorada por la lluvia hambrienta,
último estertor en la madera
luciérnaga cayendo en el vacío
con la ilusión vana de encender la hoguera.

Tibia pasión, volcán apaciguado.
El desdichado amor arde deprisa.
Papel quemado que vuela hacia el olvido.
Flor de carbón, espina en la ceniza.

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